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5.10 Directores de fotografía
Resulta difícil comprender una película si no está bien iluminada. Para ello, el director ha de contar con un colaborador especial en la figura del director de fotografía, sobre todo para que la iluminación que desea para su historia alcance la dimensión artística y creativa justa.

A lo largo de la Historia del cine el director de fotografía demuestra su saber estar y su adaptación constante en la utilización de los nuevos medios que la industria pone a su alcance; es decir, sabe controlar los diferentes tipos de películas, de lentes, de focos y, cómo no, dominar la luz natural. Cuando la profesión comienza a ser respetada dentro de la industria del cine, el director de fotografía comprende en qué medida le sirve toda la historia de la pintura para ampliar sus conocimientos y aplicarlos inmediatamente a cualquier exigencia del director de la película.

En este sentido, el mundo de la luz ha dado muchos y muy importantes maestros desde los primeros años de cine; en muchos casos, no se puede entender el trabajo de numerosos directores sin su aportación excepcional. Quizá el primer caso es el tándem formado por David W. Griffith y Billy Bitzer, un operador que supo demostrar su gran hacer en El nacimiento de una nación (The birth of a nation, 1915) e Intolerancia (1916).

Desde estos años la lista de grandes directores de fotografía se hace interminable. Los más destacables en el cine estadounidense desde el periodo mudo son Joseph H. August —colaborador de Thomas H. Ince, Howard Hawks, Frank Borzage o William Dieterle-, George Barnes —que firmó trabajos excelentes para Henry King, Raoul Walsh o Cecil B. De Mille-, James Wong Howe —que recibió dos Oscar por La rosa tauada (The rose tatoo (1955) y Hud (1963)-, William H. Clothier, sin el que poco se entenderían algunas películas de John Ford, Hawks, William A. Wellman, y Leon Shamroy, ganador de cuatro Oscar, a destacar Que el cielo la juzgue (Leave her to heaven, 1945) y Cleopatra (1963), por ejemplo.

Casos más destacados fueron la estrecha colaboración de Erich von Stroheim con William Daniels [un ejemplo Avaricia (Greed, 1923)] , la de Orson Welles con Gregg Toland [Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941)], la de Alfred Hitchcock con Robert Burks, doce películas entre Extraños en un tren (Strangers on a train, 1951) y Los pájaros (The birds, 1963), la de Vincente Minnelli y Milton Krasner [entre otras Los cuatro jinetes del Apocalipsis (The four horsemen of Apocalypse, 1961)], la de Stanley Kubrick con John Alcott, especialmente en Barry Lyndon (1975) y la de Steven Spielberg con Janusz Kaminski.

Entre los directores de fotografía europeos hay que recordar las aportaciones de los alemanes Karl Freund y Eugen Schufftan, fundamentales para entender la plástica del cine expresionista, y la de Gunther Krampf [La caja de Pandora (Die büchse der Pandora, 1928)], además de la colaboración de Edouard Tisse con los maestros soviéticos, en especial las siete con Serguei M. Eisenstein [entre ellas El acorazado Potenkine (Bronenosez Potemkine, 1925); Alexandre Nevski (1938)].

También, y con gran proyección, cabe mencionar al operador de origen polaco Rudolph Mate, que consolidó su fama con La pasión de Juana de Arco (La pasión de Jeanne d’Arc, 1928), al francés Henri Alekan, con una dilatada carrera que va desde las películas de Rene Clément (La bateille du rail, 1945) hasta las de Wim Wenders [como El estado de las cosas (Der stand der dinge, 1982)]; y la del español Néstor Almendros [Oscar por Días del cielo (Days of heaven, 1978)] con varios directores de la nouvelle vague francesa como François Truffaut y Eric Rohmer, con cuyo movimiento se identificará especialmente al director de fotografía francés Raoul Coutard, autor de algunas de las mejores imágenes del cine europeo de la segunda mitad del siglo XX —desde Al final de la escapada (A bout de soufflé, 1959) hasta El tambor de hojalata (Die blechtrommel, 1979)-.

Es notable, igualmente, la aportación de Aldo Graziati, Pascualino di Santis, Giuseppe Rotunno (con Luchino Visconti y Federico Fellini, especialmente) y el tres veces oscarizado Vittorio Storaro [Apocalypse Now (1979) y El último emperador (The last emperor, 1987)] en el cine italiano y estadounidense; la del británico Chris Menges [que recibió dos Oscar por Los gritos del silencio (The killing fields, 1984) y La misión (The mission, 1986)], y la de los húngaros Laszlo Kovacs y Vilmos Szigmond [Oscar por Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, 1977)]. También la larga lista de directores de fotografía españoles que van desde Luis Cuadrado y Alfredo Fraile hasta Juan Ruiz Anchía, José Luis Alcaine y Fernando Arribas.

Otros directores consagrados fueron el sueco Sven Nykvist, especialmente en las 20 películas que hizo con el director Ingmar Bergman [llevó dos Oscar por Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1973) y por Fanny y Alexander (Fanny och Alexander,1983)] , Gabriel Figueroa en el cine mexicano (especialmente su proyección internacional al lado del director Emilio Fernández "El indio"), y Kazuo Miyagawa en el cine japonés, especialmente con Akira Kurosawa (Rashomon, 1950) y Kenji Mizoguchi [El intendente Sansho (Sansho Dayu, 1954)].

 



James Wong Howe en el rodaje de Cuerpo y alma (1947).


Leon Shamroy firma la fotografía de Cleopatra (1963).




Robert Burks fue el director de fotografía de Los pájaros (1963).



Luis Cuadrado dejó una profunda huella en la fotografía de
El espíritu de la colmena
(1973).


Fuente fotos: Llinás, Francisco: Directores de fotografía del cine español. Madrid. Filmoteca Española. 1989.