31 diciembre 2007

La dimensión social que aportan las nuevas tecnologías musicales


El pasado 27 de Abril la cantante islandesa Björk en el primero de sus conciertos en el
Coachella Festival en California utilizó un instrumento llamado Reactable que ha sido desarrollado por luthiers de instrumentos electrónicos españoles. El Reactable presenta los elementos típicos de un sintetizador clásico pero estos componentes son colocados en una mesa donde en la parte inferior de los elementos sobre la mesa. Según la colocación de los elementos y la orientación de unos respecto a otros produce diferentes sonidos que emite en sintetizador de audio.
Para muchos la construcción del reactable puede resultar algo incomprensible ya que sus conocimientos en materia de electrónica son limitados. La separación entre los luthiers que han elaborado el instrumento, el intérprete y el público asistente al concierto es bastante evidente. Actualmente vivimos en una sociedad altamente cualificada donde cada individuo sabe realizar una función, un oficio o posee una formación elevada en algún campo especializado. Rara vez esa formación es multidisciplinar pero no siempre ha sido así.
En las primeras civilizaciones la música era algo colectivo, no había intérpretes ni público. Un evento musical de cualquier tipo era realizado conjuntamente, no se entendía la música como algo que pudiera ser observado desde fuera sin participar activamente en su realización. Esa idea de colectividad en la música perduró durante mucho tiempo hasta que la propia evolución musical hizo que su realización fuese llevada a cabo por personas especializadas. Fue entonces cuando se produjo la separación entre el intérprete y el público. Las dificultades técnicas que implicaba tocar bien un instrumento o componer una obra musical eran cada vez mayores y requería de una gran dedicación y entrega. La actividad musical del resto de personas, que siglos atrás participaban activamente en representaciones musicales, quedó relegada a las ejecuciones en sus casas y con versiones de menor dificultad y asequibles para aficionados. Así poco a poco se fueron estableciendo diferencias entre la música culta, que se realizaban los profesionales y que podía escucharse en catedrales y palacios, de aquella música donde la capacidad de hacer música del pueblo podía ponerse de manifiesto. Esa independencia de la música culta y popular o ligera hoy en la actualidad sigue vigente.
La construcción de teatros para ópera durante el siglo XVIII hubiese podido popularizar la música culta pero no fue así ya que este tipo de eventos implicaba un ritual de clases sociales donde gran parte del público popular no tenía cabida ya que pertenecían a clases de menor alcurnia de las que asistían a la ópera.
Los dispositivos de registro y reproducción en el siglo XX y la aparición de los productos musicales y las gestiones de las grandes compañías de discos ha hecho que se distingan entre diferentes tipos de oyentes y público: cualificados y aquellos que demandan un producto musical bastante pobre sin saberlo y de carácter popular ya que han sido victimas de campañas publicitarias orquestadas por las grandes empresas musicales. El público selecto, intérpretes o compositores deben aguantar a veces comentarios como que la música culta es monótona, no se entiende o incluso que es muy cara.
Durante el siglo XX se ha ido evolucionando hacia la producción del sonido electrónico y hace algunas décadas hacia la tecnología digital. La posibilidad de utilizar los medios de grabación y reproducción para moldear el sonido hizo que apareciesen corrientes vanguardistas como la música electrónica, electroacústica, concreta etc. Hace aproximadamente 60 años con la aparición de la tecnología digital las posibilidades de producir sonidos artificiales se vio incrementada y las posibilidades del compositor empezaron a ser enormes. No se puede concebir el desarrollo de la música contemporánea de los últimos tiempos sin considerar las nuevas tecnologías que integran los músicos a la hora de componer o de interpretar haciendo así que sus posibilidades cada vez sean mayores.
En la actualidad las tecnologías vinculadas al mundo de la música cada vez son mayores y el desarrollo está en manos de las grandes compañías y de sus expertos. Esto implica una separación cada vez mayor entre los que desarrollan las nuevas tecnologías musicales y aquellos que las utilizan pero ¿Qué necesitan los creadores de las nuevas tecnologías? ¿Nuevas herramientas sonoras? ¿tecnología que les permita aumentar su capacidad creativa?

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29 diciembre 2007

La función social de la música en el siglo XX (I): las vanguardias musicales


La propia naturaleza de la música hace que ésta se encuentre vinculada a la comunicación entre un compositor, un intérprete y un oyente por otro lado el fenómeno musical en general está constituido por patrones sonoros socialmente aceptados.
En el siglo XX hay una serie de fenómenos que hace que la dimensión social de la música cambie respecto a etapas anteriores. Analicemos detalladamente uno de ellos: la aparición de las nuevas vanguardias musicales.
Ya en el siglo XIX empezaba a vislumbrarse la separación la separación por un lado entre la figura del intérprete y compositor y por otro lado entre el músico y los gustos del oyente en ocasiones. (El músico hace música como le sale del alma) se solía comentar en un arrebato de la más pura estética del Romanticismo.
En el siglo XX esta tendencia se ve acentuada por la aparición de las Vanguardias Musicales:
la influencia en la sociedad de las dos guerras mundiales hace que los compositores apuesten por nuevas ideas creativas alejándose así del Sistema Tonal predominante en las composiciones musicales desde casi 1600 hasta principios del siglo XX. Corrientes como el Futurismo, el dodecafonismo o el Serialismo integral no son asimiladas con facilidad por el público, acostumbrado durante siglos a composiciones tonales. Todo esto hace que el sistema de financiación de los eventos musicales varíe. Ya que el oyente acude mucho menos a escuchar este tipo de música simplemente porque no le gusta. Por ellos los compositores e intérpretes tienen que buscar otro tipo de fuentes de ingresos. Esta nueva vía de financiación es el Estado y las cajas de ahorro o diversas entidades que destinan parte de su presupuesto a financiar eventos culturales de diversa índole. Ante estas actividades financiadas a veces con dinero público hay personas que se manifiestan a favor porque considera que deben subencionarse actividades culturales
y defienden la expresión artística libremente. También hay detractores de este nuevo modelo de ingresos económicos por parte del artista ya que consideran que con el dinero de todos no deben financiarse a individuos (a veces incluso cuestionan su categoría como músicos) para que desarrollen las actividades a título personal y alejados de los gustos del público y los criterios estéticos socialmente aceptados.
La polémica está servida pero ? ¿Qué hacer? Una de las soluciones más viables y que se utilizan en la actualidad para atraer a más público a los auditorios donde se interpreta música moderna es ofertar el los programas contemporáneos. Estas obras sirve de reclamo para el público, ya acostumbrado a escucharlas desde hace tiempo y al haber sido compuestas en el Sistema Tonal el oído no extraña los sonidos que la componen y la gente la entiende mejor.
Aún así es difícil resolver el problema porque a la sombra de las nuevas corrientes vanguardistas y modernas hay multitud de autores que sin ningún talento musical hacen música pensando que todo vale en el arte moderno. Esto genera indignación entre el colectivo serio de artistas y creadores y por otro lado produce un escepticismo entre el público general.



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