13 octubre 2007

Las fuentes para el estudio de la música en la Prehistoria y en la Antigüedad

Casi todos los libros sobre Historia de la Música comienzan explicando las circunstancias de la Música en la Edad Media. Este hecho tan aparentemente superfluo transmite sin querer la idea de que el origen de la música en la cultura occidental está relacionado en el tiempo y en la sonoridad con el canto gregoriano.

Hasta ahora muy pocos manuales mencionan, o lo mencionan muy de pasada, la importancia de la cultura musical de la Antigüedad Griega. Importancia no sólo a nivel teórico con tratados fundamentales como el de Aristoxeno (siglo III a.C) sino también en cuanto al uso y las costumbres interpretativas o incluso al desarrollo organológico.

Pero, ¿y qué pasa con la música anterior? ¿Qué sabemos sobre las danzas y los conciertos cortesanos de la época de los faraones? ¿Con qué instrumentos solemnizaban las celebraciones funerarias o en honor a los dioses?

En este post explicaremos cómo se obtiene información para el estudio de la Historia de la Música en culturas remotas en el tiempo.


Las fuentes
En historiografía se denominan fuentes a todo lo que aporta información para el estudio de una determinada cultura. En el caso de la Historia de la Música de las Civilizaciones de la Prehistoria y la Antigüedad las fuentes son muy variadas. Las hay de tipo iconográfico (pinturas, esculturas, bajorrelieves), documentos escritos (jeroglíficos, inscripciones en tumbas o templos, documentos escritos como la Biblia) y restos arqueológicos (fragmentos de instrumentos de esa época encontrados en sarcófagos, por ejemplo).

La mayoría de las fuentes con información musical de las que disponemos procedentes de una época tan remota como la Antigüedad (hablamos de unos 2500 años antes de Cristo) son fuentes indirectas. Se denominan así a los restos que nos informan sobre las costumbres y la vida musical que tenía determinada cultura.
Por ejemplo, de una pintura mural encontrada en el interior de las pirámides en el que aparece representada una agrupación instrumental podemos extraer información como qué tipo de instrumentos se utilizaban para interpretar música de conjuntos, para quién y en qué ocasión la interpretaban, el número de cuerdas que tenían las arpas, la forma en la que estaban construidas, la postura de la intérprete así como la causa de por qué tocaba sobre una tarima.

Otro ejemplo de fuente indirecta la encontramos en los documentos escritos de la época. Por ejemplo, la Biblia nos menciona en el Salmo 33 que las cítaras (instrumento de cuerdas pulsada), las arpas y las liras se usaban para alabar a Yahvé.

Existen, lógicamente, muy pocas fuentes que nos hablen sobre la música en sí misma, es decir, que nos indiquen qué notas se cantaban para determinado ritual o danza. Sólo podemos hablar de fuentes directas a los documentos que nos aportan información musical, y para ello tiene que haber algún tipo de notación musical.

Nuestro sistema de notación surgió tras un largo proceso de evolución en los monasterios durante la Edad Media. Esta es la razón aparente del porqué lo manuales de historia de la música comienzan a relatar el origen de la música occidental en la época medieval. Pero hoy en día sabemos que culturas de las Civilizaciones Avanzadas de la Antigüedad como la griega o la egipcia crearon su propia manera de anotar los sonidos mediante letras del alfabeto o mediante signos quironímicos.

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