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3.9 Ver y leer la televisión: apocalípticos
La implantación de la televisión como medio de información y entretenimiento hegemónico a lo largo del pasado siglo XX trajo aparejados una serie de debates en torno a los usos y los efectos de la televisión. A riesgo de pecar de cierto reduccionismo y sólo a fines explicativos, vamos a utilizar una célebre clasificación debida al investigador italiano Umberto Eco que dividía los análisis sobre el ejercicio de ver y leer la televisión en dos grandes grupos: aquellos que critican el funcionamiento de la Televisión denominados “apocalípticos”, y aquellos otros que observan a la cultura de masas, en general, y a la Televisión, en particular, como un elemento democratizador y positivo, los llamados “integrados”.

Las discusiones entre “apocalípticos” e “integrados” lleva produciéndose varias décadas. Se trata de un debate histórico que se actualiza permanentemente a partir nuevas constataciones relacionadas con el consumo televisivo o con la aparición de nuevos formatos de programación (por ejemplo, el programa Gran Hermano en sus diferentes versiones nacionales).

Los apocalípticos afirman que la televisión es un medio que favorece la manipulación, la alienación, y da lugar a la imitación casi simiesca. Desde los contenidos emitidos por televisión, critican la violencia, sexo, lenguaje soez, reproducción de estereotipos negativos de clase, raza y sexo con frecuencia habituales en las parrillas de la pequeña pantalla.

Las críticas apocalípticas provienen de intelectuales de procedencia muy diversa tales como educadores; sociólogos; filósofos, artistas, asociaciones de consumidores y amas de casa; sindicatos; ONG’s; congregaciones religiosas; etc.

En el campo de este tipo de pensamiento uno de los últimos conceptos acuñados es el de “telebasura” utilizado por críticos de muy diversa procedencia para denunciar el amarillismo y el sensacionalismo con que se tiñe la pantalla nuestra de cada día. En España la Asociación de Usuarios de la Comunicación; los sindicatos Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras; la Confederación Española de Madres y Padres de Alumnos; la Unión de Consumidores de España y la Confederación de Asociaciones de Vecinos de España han elaborado un Manifiesto contra la telebasura.

Debates candentes tiene la relación de la infancia con la pequeña pantalla. Mucho se ha escrito sobre la influencia negativa de la televisión en la formación de los pequeños y muchos informes vincularon la delincuencia y el vandalismo presentes en nuestras sociedades con las imágenes televisadas. La resolución de conflictos apelando a la violencia, el incentivo al consumo desde los programas infantiles o el inculcar en los menores estereotipos sexistas son con frecuencia materia de condena por parte de educadores, padres y legisladores.

Tales preocupaciones han propiciado en EEUU, por ejemplo, el ensayo de una solución tecnológica: el V-Chip. Como reza el folleto de FCC, el V-Chip es un dispositivo tecnológico que se instala en los televisores para ayudar a los padres a bloquear los programas que consideren inadecuados para sus hijos, sobre la base de la clasificación por edades y las categorías del contenido, tales como sexo, violencia, lenguaje para adultos o diálogo insinuante.