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6.8 Los mitos del cine

Pasar de un total anonimato a la más sonora popularidad puede ser cuestión de que algo circunstancial pase sin que el protagonista se de cuenta. Si Florence Lawrence deja de ser "la chica de la Biograph" para ser reconocida por su propio nombre, o Mabel Normand se consagra como uno de los grandes rostros del cine mudo tras ser conocida como Muriel Fortescue, no dejan de ser con el tiempo anécdotas después de saber cómo evoluciona la industria del cine. Los mitos que consagra la gran pantalla tienen que ver con los rostros de sus intérpretes y con personajes que trascienden al imaginario del espectador a partir de obras que los plasman.

La mitología de Hollywood genera identidades con las que el espectador de todo el mundo se identifica con el paso de los años. La "novia de América" siempre es Mary Pickford, "el hombre que las amó a todas" y latin-lover por excelencia, Rodolfo Valentino. La "divina" identifica a Greta Garbo, como el "rey de Hollywood" a Clark Gable, y "la más grande estrella de la pantalla" a Gary Cooper. Como cada década trae nuevos rostros, el "sex-symbol de los cuarenta" es sin discusión Rita Hayworth, la irrepetible Gilda, el símbolo sexual de los cincuenta es Marilyn Monroe, y "el animal más bello del mundo" Ava Gardner. Al mismo tiempo Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Marlon Brando, Elisabeth Taylor, James Dean, Elvis Presley, Paul Newman y un largo etcétera; femme fatale, pin-up, jóvenes rebeldes sin causa, nombres que consolidaron su estrellato a partir de la belleza y elegancia, el inconformismo, la intransigencia, la rebeldía... y siempre, en cada época, una nueva generación recrea circunstancialmente las vivencias de sus predecesores.

El Olimpo hollywoodense se construye no sólo sobre las ficciones que sus actores ofrecen en la pantalla, sino también sobre la "realidad" que emerge del día a día, y de la que numerosas publicaciones y prensa diaria da cuenta fehaciente. Nada se escapa al periodista encargado de cubrir la existencia de las estrellas del cine; su vida privada, plagada de situaciones más o menos convencionales, interesa a lectores ávidos de información íntima, personal. Quieres saber todo lo que sucede en torno a su estrella, sus romances, qué tipo de ropa visten, quién las peina, cómo se maquillan, qué amplitud tiene su mansión, qué automóvil conduce. Por todo eso y por la vida alegre que siempre se ha adueñado de los habitantes de Hollywood, los mitos, lejos de apagarse, brillan con luz propia en un firmamento que los espectadores de todo el mundo han defendido como propio.

Y más allá de esta mitología de carne y hueso, las historias de ficción que el cine ha trasladado a la pantalla han permitido que en el imaginario colectivo pervivan personajes, héroes y monstruos, que salidos de la literatura o de la historieta animada cobran cuerpo como identidad consagrada. En este sentido tanto se puede hablar de Frankenstein , Drácula, King Kong, Godzilla o el hombre lobo, como de Superman , Batman o Spiderman. Pero también se recuerdan el Norman Bates de Psicosis (1960), el ET de E.T. El extraterrestre (E.T. The Extra-terrestrial, 1982), el grupo formado por Obi-Wan-Kenobi, Luke Skywalker, Han Solo, R2D2, C3PO, Chewbaka y Yoda surgido de La guerra de las galaxias (Star wars, 1977), Hannibal Lecter, el detective Philip Marlowe o el agente secreto británico 007 (James Bond).

El repertorio mitológico es abundante en el mundo del cine. La trascendencia de la estrella del cine y de los héroes y villanos lanzados desde la pantalla alcanza una notoria influencia en el espectador que, sin dudarlo, no sólo aprehende su iconografía sino que también se lanza al consumo de productos que surgen tras su estela. Es el culto al mito más allá de un tiempo vivido.

 


Tarjeta de Mabel Normad.


Fuente fotografías:
© Historia Universal del Cine. Madrid. Fascículos Planeta. 1982. Varios tomos.



Rodolfo Valentino besa a Alice Terry en Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921), de Rex Ingram.




James Dean y Natalie Wood en Rebelde sin causa (1955), de Nicholas Ray.


Marlon Brando en La ley del silencio (1954), de Elia Kazan.


Fuente fotografías:
© Las estrellas. Madrid.
Ediciones Urbión. 1980. Tomo 1.