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El legado de Roma
Los géneros literarios [Autoevaluación]

Épica

La épica nació en Grecia en un momento que se pierde en la noche de los tiempos. El mundo que evoca y rememora la Iliada y la Odisea es el mundo micénico, sin embargo los poemas, según han llegado hasta nosotros, fueron redactados muchos siglos después, hacia el s. VIII a. C. Son las primeras obras literarias de entidad de la literatura occidental, por tanto, todas las letras occidentales son deudoras en cierta medida de los poemas homéricos.

La épica relata historias acaecidas en un pasado legendario, en las que el hombre forma parte de una colectividad a la que sirve de modelo: es el héroe épico. El género está revestido de solemnidad marcada entre otras formas mediante el uso del verso más solemne que hay en griego y latín, el hexámetro dactílico.

Asocia autores épicos, obras y características
Asocia autores épicos, obras y características

 

En Roma la primera obra literaria de que tenemos noticia fue la versión romana en versos saturnios de la Odisea de Homero escrita por Livio Andronico hacia el 240 a. C.

No tenemos elementos para juzgar cómo fue la fase oral de la épica romana, si es que la hubo. En los primeros siglos de la república circulaban leyendas que señalaban a Eneas, héroe troyano que se salvó tras la caída de la ciudad, como fundador de la estirpe romana. Como vemos estas leyendas ya están empapadas de la tradición griega.

Ennio

Estas leyendas las recoge, entre otros, Ennio (239 – 169 a. C.) y las fija por escrito en el primer gran poema épico nacional romano, Los Anales. Además introduce en el latín el mismo verso empleado en griego el hexámetro dactílico. Esta obra llega hasta la época del autor, pero sólo conservamos fragmentos.

De esta manera Ennio es el primer gran renovador de la literatura latina. Además de los Anales también cultivo la sátira y la tragedia. La conservación de su obra es sólo fragmentaria; de las sátiras y tragedias no tenemos más que unos cuantos fragmentos de escasa extensión. Sabemos que Ennio era aprendido por los jóvenes romanos en la escuela en época clásica. Fue durante varios siglos el modelo poético del latín.

Más tarde, en los últimos años del siglo I a. C.  la Eneida virgiliana, el principal  poema épico latino, toma de Homero muchos de sus elementos como la estructura de la obra contenidos, aspectos formales, etcétera. Eneas, el héroe del poema quiere ser el espejo en el que se mire la sociedad romana de la época de Augusto, quien quiere que este poema sea el modelo de una moralidad que se tambalea.

Virgilio (79 a. C. – 9 d. C.)

Forma parte del círculo de Mecenas y cuando escribe La Eneida es ya un autor de gran prestigio por sus dos obras anteriores Las Bucólicas o  Églogas y Las Geórgicas. Ésta es un poema de carácter didáctico. Aquella, su primera obra, supone la adaptación al latín de la poesía pastoril que había llegado a su cenit en el mundo helenístico. Esta obra dio fama universal a Virgilio, primero en su Roma contemporánea, después en todas las literaturas occidentales. No es extraño que Virgilio sea quien acompaña a Dante en su Divina Comedia en su viaje a los Infiernos – también Virgilio relata un viaje a los infiernos de  Eneas en su Eneida-. También nuestro Garcilaso se mira en el espejo virgiliano para compones sus Églogas. Virgilio supone una de las cumbres en el manejo de la lengua poética. Es uno de los autores fundamentales para comprender el alcance en el uso de las figuras retóricas y estilísticas, que sirve de modelo a la posteridad. Introduce algunos de los tópicos literarios más comunes como el locus amoenus, que después reutilizan entre otros Cervantes (Quijote, 1, 15 “Al no encontrar a Marcela, don Quijote y Sancho van a dar con el paisaje renacentista, con el mundo que le corresponde: ‘un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco; tanto, que convidó, y forzó, a pasar allí las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar’…”). Es por todo esto uno de los poetas más influyentes de todos los tiempos.

La Eneida intenta reflejar el modelo de romano que Augusto quiere para su imperio. Las fuentes de Virgilio son Homero y Ennio fundamentalmente. Del primero toma múltiples motivos: el descenso a los infiernos recuerda el de Ulises en la Odisea; los viajes erráticos y el desembarco en la ciudad de Elisa, Cartago, se fijan en la aventuras de Ulises. Las luchas en suelo itálico recuerdan los combates de Aquiles y Héctor en la Iliada.  En general de los doce libros en que se divide la obra, podemos decir que los seis primeros narran aventuras que recuerdan a la Odisea y los seis últimos a la Iliada.

Del segundo autor toma también muchos motivos, el origen de la enemistad entre Roma y Cartago por los amores fallidos de Dido y Eneas, además de aspectos formales.

Se dice que el poeta al final de sus días ordenó que se destruyera la obra a su muerte, porque la consideraba una obra imperfecta. Por suerte para la humanidad no se le hizo caso.

La épica culta que funda Virgilio extiende su influencia por todas las literaturas occidentales. En la literatura española destacamos la Araucaria de Ercilla.

La épica posvirgiliana

Después de Virgilio la épica culta tuvo algunas manifestaciones más como la Guerra Civil  o Farsalia de Lucano (39 – 65 d. C.), hispano sobrino de Séneca, en la segunda mitad del s. I d. C. que habla de la última guerra civil en Roma, que dio como vencedor a Augusto.

En este mismo siglo Estacio continúa la tradición épica de Virgilio (segunda mitad del siglo I d. C.), con la Tebaida y la Aquileida, de contenidos relacionados con los mitos tebanos y de Aquiles respectivamente.

En el siglo IV d. C. tenemos varios poemas, como el El Rapto de Proserpina de Claudiano.

Todos estos epígonos de Virgilio en la épica culta, si bien fueron también muy importantes, no alcanzaron el valor literario de su maestro.

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