En Roma la primera obra
literaria de que tenemos noticia fue la versión romana
en versos saturnios de la Odisea de Homero escrita por
Livio Andronico hacia el 240 a.
C.
No tenemos elementos para
juzgar cómo fue la fase oral de la épica romana, si es
que la hubo. En los primeros siglos de la república
circulaban leyendas que señalaban a Eneas, héroe troyano
que se salvó tras la caída de la ciudad, como fundador
de la estirpe romana. Como vemos estas leyendas ya están
empapadas de la tradición
griega.
Ennio
Estas leyendas las recoge,
entre otros, Ennio (239 – 169 a. C.) y las fija por
escrito en el primer gran poema épico nacional romano,
Los Anales.
Además introduce en el latín el mismo verso empleado en
griego el hexámetro dactílico. Esta obra llega hasta la
época del autor, pero sólo conservamos
fragmentos.
De esta manera Ennio es el
primer gran renovador de la literatura latina. Además de
los Anales
también cultivo la sátira y la tragedia. La conservación
de su obra es sólo fragmentaria; de las sátiras y
tragedias no tenemos más que unos cuantos fragmentos de
escasa extensión. Sabemos que Ennio era aprendido por
los jóvenes romanos en la escuela en época clásica. Fue
durante varios siglos el modelo poético del
latín.
Más tarde, en los últimos
años del siglo I a. C. la Eneida
virgiliana, el principal poema épico
latino, toma de Homero muchos de sus elementos como la
estructura de la obra contenidos, aspectos formales,
etcétera. Eneas, el héroe del poema quiere ser el espejo
en el que se mire la sociedad romana de la época de
Augusto, quien quiere que este poema sea el modelo de
una moralidad que se
tambalea.
Virgilio
(79 a. C. – 9 d. C.)
Forma parte del
círculo de Mecenas y cuando escribe
La Eneida es
ya un autor de gran prestigio por sus dos obras
anteriores Las
Bucólicas o Églogas y Las Geórgicas.
Ésta es un poema de carácter didáctico. Aquella, su
primera obra, supone la adaptación al latín de la poesía
pastoril que había llegado a su cenit en el mundo
helenístico. Esta obra dio fama universal a Virgilio,
primero en su Roma contemporánea, después en todas las
literaturas occidentales. No es extraño que Virgilio sea
quien acompaña a Dante en su Divina Comedia
en su viaje a los Infiernos – también Virgilio relata un
viaje a los infiernos de Eneas en su Eneida-. También
nuestro Garcilaso se mira en el espejo virgiliano para
compones sus Églogas.
Virgilio supone una de las cumbres en el manejo de la
lengua poética. Es uno de los autores fundamentales para
comprender el alcance en el uso de las figuras retóricas
y estilísticas, que sirve de modelo a la posteridad.
Introduce algunos de los tópicos literarios más comunes
como el locus
amoenus, que después reutilizan entre otros
Cervantes (Quijote, 1, 15
“Al no encontrar a Marcela, don Quijote y Sancho van a
dar con el paisaje renacentista, con el mundo que le
corresponde: ‘un prado lleno de fresca yerba, junto del
cual corría un arroyo apacible y fresco; tanto, que
convidó, y forzó, a pasar allí las horas de la siesta,
que rigurosamente comenzaba ya a entrar’…”). Es por todo
esto uno de los poetas más influyentes de todos los
tiempos.
La Eneida intenta
reflejar el modelo de romano que Augusto quiere para su
imperio. Las fuentes de Virgilio son Homero y Ennio
fundamentalmente. Del primero toma múltiples motivos: el
descenso a los infiernos recuerda el de Ulises en la
Odisea; los viajes erráticos y el desembarco en la
ciudad de Elisa, Cartago, se fijan en la aventuras de
Ulises. Las luchas en suelo itálico recuerdan los
combates de Aquiles y Héctor en la Iliada. En general de
los doce libros en que se divide la obra, podemos decir
que los seis primeros narran aventuras que recuerdan a
la Odisea y los seis últimos a la
Iliada.
Del segundo autor toma
también muchos motivos, el origen de la enemistad entre
Roma y Cartago por los amores fallidos de Dido y Eneas,
además de aspectos formales.
Se dice que el poeta al
final de sus días ordenó que se destruyera la obra a su
muerte, porque la consideraba una obra imperfecta. Por
suerte para la humanidad no se le hizo
caso.
La épica culta que funda
Virgilio extiende su influencia por todas las
literaturas occidentales. En la literatura española
destacamos la Araucaria de
Ercilla.
La épica
posvirgiliana
Después de Virgilio la
épica culta tuvo algunas manifestaciones más como la Guerra Civil
o Farsalia de
Lucano (39 – 65 d. C.), hispano sobrino de Séneca, en la
segunda mitad del s. I d. C. que habla de la última
guerra civil en Roma, que dio como vencedor a
Augusto.
En este mismo siglo Estacio
continúa la tradición épica de Virgilio (segunda mitad
del siglo I d. C.), con la Tebaida y la Aquileida, de
contenidos relacionados con los mitos tebanos y de
Aquiles respectivamente.
En el siglo IV d. C.
tenemos varios poemas, como el El Rapto de
Proserpina de Claudiano.
Todos estos epígonos de
Virgilio en la épica culta, si bien fueron también muy
importantes, no alcanzaron el valor literario de su
maestro.