>  Transmisión de la literatura clásica
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El legado de Roma
Los géneros literarios [Autoevaluación]

Evolución de la literatura latina

Las primeras manifestaciones literarias eran de carácter oral y

Crucigrama de autores latinos y sus épocas
Crucigrama de autores latinos y sus épocas

estaban muchas veces enmarcadas en ceremonias religiosas. Así fueron surgiendo los géneros de la épica, la lírica, el teatro, la historiografía, la retórica, etcétera. Tras la adopción de la escritura y el desarrollo político de la ciudad de Roma a estas manifestaciones orales se empiezan a unir las letras griegas que penetran desde la Magna Grecia en el mundo de los romanos; los romanos cultos de la primera época republicana se rodean de sabios griegos que les enseñan también la tradición literaria griega. Así por ejemplo, Polibio acompaña a Escipión en las Guerras Púnicas y escribe, en griego, una historia con sus experiencias. En este periodo incluso los romanos prefieren el refinado griego al rudimentario latín para sus creaciones literarias. Los primeros historiadores latinos, los llamados ‘analistas’ usan la lengua de Homero.

Pero conforme la clase senatorial romana va tomando conciencia de su importancia, se decide reaccionar y dar al latín una mayor importancia.

Cuando en Roma empieza a surgir la literatura de manera escrita con autores  conocidos en el s. III a. C., la literatura griega lleva ya más de cinco siglos produciendo obras que por entonces gozan de una gran tradición no sólo en Grecia, sino también en todo el Mediterráneo. Esto hace que los géneros, los temas, los personajes, las tramas, el lenguaje, el estilo provengan fundamentalmente de Grecia. Esta primera afirmación parece quitarle mérito y originalidad a la literatura latina. Así se consideró en cierto modo durante buena parte del s. XIX entre los estudiosos, sin embargo, la importancia de la literatura latina es crucial, sin ella no hubiese habido literaturas románicas, ni inglesa, ni alemana. Roma asimila la gran literatura que la precedió, la griega, y la transmite a través de sus autores a la Europa posterior, y de ahí al resto del mundo. Así pues, los romanos se sentían continuadores de la obra iniciada por los griegos. Cuando Catulo (87 – 54 a. C.) remeda a Safo, quiere continuar su obra, no repetirla, del mismo modo que fray Luis de León continuaba la obra de Horacio, o Garcilaso parafrasea la de Virgilio, o Molière la de Plauto (255 – 184 a. C.). Ninguno de estos tres autores no latinos dejaría de ser considerado una pieza fundamental de la literatura por nadie en su sano juicio, como tampoco Catulo, Virgilio u Horacio pierden un ápice de su interés por el hecho de haber continuado un camino abierto por otros.

Esta cadena literaria continúa hasta nuestros días: si la Generación del 27 es deudora de Garcilaso, también lo es de Virgilio, por poner un ejemplo. De este modo, en cualquier periodo de cualquier literatura occidental subyacerá siempre de una manera más o menos directa la literatura clásica.

También en Roma la literatura gozó de gran prestigio e importancia. Por un lado la labor poética y dramática era una de las actividades que llenaba el otium de los romanos. La oratoria latina,  basada en la retórica griega, era la formación superior que todo romano, que quisiera hacer carrera, debía poseer. Por esta razón Cicerón se convirtió en uno de los paradigmas de la literatura latina; su oratoria fue el modelo que se debía seguir en la Roma que le siguió.

En Roma por primera vez hubo escritores profesionales, se creó el patrocinio de los artistas; Mecenas (época de Augusto) fue su primer gran ejemplo. Las obras literarias de Virgilio (71 – 19 a. C.), Horacio (65 – 8 a. C.), Propercio , por citar algunos nombres, tuvieron una enorme popularidad. Los tres fueron escritores “profesionales” al abrigo de Mecenas.

Pero el gran poder de Roma comenzó a declinar en la segunda mitad del s. III d. C. y con él su interés por la tradición literaria y científica anterior.  El declive se hizo profundo con la caída del Imperio de Occidente, en donde las letras griegas habían sido casi totalmente olvidadas y también buena parte de las latinas. En este periodo, la Antigüedad  Tardía, hay, pese a todo, autores muy importantes, como San Agustín de Hipona (354 – 430), Prudencio (segunda mitad s. IV),  etcétera ligados a la nueva religión que se ha impuesto en el Imperio, el cristianismo.

La conservación de las obras literarias clásicas estuvo marcada desde su origen por la dificultad y la fatalidad; uno de los hitos que ilustran esto último es el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el s I a. C., en el que se perdió para siempre una parte muy importante del legado de Grecia.
 

La pérdida de interés por la literatura clásica hizo que muchas obras dejaran de copiarse perdiéndose para siempre. Fue ya en la Antigüedad tardía, en el declive del Imperio Romano, cuando se perdió una parte muy importante de la literatura clásica. El griego, lengua común entre los romanos cultos en siglos anteriores, se olvidó y produjo una fractura en la continuación de las artes y ciencias de la Antigüedad.

La literatura latina continuó durante la Edad Media con periodos de más esplendor, como el Renacimiento Carolingio en el s. VIII - IX. La escuela de traductores de Toledo, patrocinada por Alfonso X el sabio, sirvió para redescubrir en Occidente autores griegos olvidados como Aristóteles o Euclides. En la Edad Media son los monasterios de Occidente los que, gracias a sus copias de los manuscritos de autores clásicos, mantienen viva la tradición clásica. Pero será en el Renacimiento, cuando vuelva a recuperarse con fuerza el estudio de la literatura clásica. Con la invención de la imprenta comienzan a editarse de forma masiva los clásicos. Durante la Edad Moderna continúa la edición de los griegos y romanos y continúa hasta el siglo XX. Hasta el siglo XIX, sin embargo, no se cuenta con ediciones completas de autores como Cicerón. Es, pues, en el siglo XX, cuando podemos contar con un panorama completo de la literatura clásica, en la medida de lo posible. Su estudio e influencia continúa hasta nuestros días.