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El léxico latino
Latín, castellano y lenguas romances [Autoevaluación]

El léxico de las lenguas románicas

Las lenguas románicas se formaron a partir del latín vulgar, lengua hablada por personas de una cultura muy escasa. Por esta razón el léxico que entró en primer lugar fue el básico, muy limitado para la expresión de la literatura o de la ciencia, con pocos adjetivos y sustantivos abstractos. 

Latín y lenguas romances
Latín y lenguas romances

Posteriormente, según se iban creando necesidades de expresar conceptos nuevos y complicados, se iban incorporando nuevas palabras procedentes del latín, que ya no sufrían la lenta transformación de siglos que habían experimentado las primeras palabras derivadas del latín vulgar. Este flujo de entrada no se ha interrumpido; aún entran palabras constantemente procedentes del latín.

Debido a esto, las palabras de origen latino se clasifican en función de la vía de entrada que hayan tenido en la lengua románica en:

  1. ‘palabras patrimoniales’ o ‘vulgarismos’ a las que entraron en la primera fase evolucionando lentamente desde el latín vulgar. Ejemplo ‘ojo’. Suelen ser vulgarismos  las palabras básicos de uso más común.
  2.  ‘semicultismos’ a las palabras que entraron en las distintas fases de formación de la lengua, sobre todo a lo largo de la Edad Media, y que no estuvieron sujetas a todos los cambios fonéticos y semánticos de las anteriores. Ejemplo en español ‘siglo’. Muchas de estas palabras eran empleadas en el entorno de las cortes, la nobleza o el clero.
  3.   Palabras que han entrado desde el latín cuando la lengua ya estaba formada en lo esencial. Por ejemplo ‘acto’.

De este hecho deriva el que en muchos ejemplos varias palabras romances obedezcan a una sola latina. Por ejemplo: lat. clavem> llave y clave, con un vulgarismo y un cultismo derivados de la misma palabra. También lat. auricula > es. oreja (vulgarismo) y aurícula (cultismo).

Los cambios fonéticos y morfológicos, que se han señalado en latín vulgar, son el origen de la fragmentación de la lengua del Imperio en las lenguas románicas. La cronología de estos cambios es a veces incierta, así como las fases por las que pasó. En una primera etapa podemos hablar de la fragmentación del latín vulgar  o, lo que ya podríamos llamar ‘protorromance’ en dos, el romance oriental y el occidental. Después cada lengua experimentó un  desarrollo individual, pero paralelo entre las distintas zonas de la Romania, con múltiples conexiones entre las distintas lenguas. Podemos hablar por ejemplo de hechos lingüísticos que afectan a las lenguas periféricas (por., es., ru.), otros a las lenguas ibéricas, por ejemplo el latín comedere “comer”da origen es. comer), frente  al resto de la Romania que parte del latín vulgar manducare ”masticar”, it. mangiare, fr. manger,  cat. manjar.

Pero también hablaremos de hechos lingüísticos que afectan ya individualmente a una sola de las lenguas; por ejemplo la pérdida de la f inicial latina, sólo afecta al español, así formica ‘hormiga’ ha dado en español hormiga, pero fr. formi, it. formica, cat. formigue.

Los pasos dados entre el latín vulgar y las lenguas románicas modernas son muy variados con interferencias de todo tipo y, sobre todo, con unos límites muy difusos entre unos dialectos y otros. Ni siquiera el límite entre románico oriental y occidental es claro: en Italia la sonorización o permanencia de las consonantes oclusivas sordas intervocálicas (p, t, c) tiene  una frontera poco clara. En italiano actual tenemos padre < lat. patrem, pero prato< lat. pratum (es. prado) . El límite entre el ligur, dialecto italiano de la región de Génova, y el provenzal, en la actual frontera entre Italia y Francia por el Mediterráneo es igual de impreciso, por poner algunos ejemplos.

Para clarificar la fragmentación del latín proponemos consultar el cuadro sinóptico de las lenguas románicas, con la observación de que se trata de fenómenos muy complejos que deben ser muy matizados.