>  Formación de palabras
>  Latín, castellano y lenguas romances
  · Introducción
  · Breve historia del latín
  · Latín vulgar
  · Los cambios fonéticos
  · Los cambios morfológicos
  · Los cambios sintácticos
  · Las lenguas románicas
  · Las lenguas románicas de la península Ibérica
  · El léxico de las lenguas románicas
>  Vocabulario específico
>  Expresiones latinas
   
  [Mapa conceptual]
  [Glosario del tema]
   
 

El léxico latino
Latín, castellano y lenguas romances [Autoevaluación]

Las lenguas románicas de la península Ibérica

Tres de las cuatro lenguas actuales de la Península son románicas. La cuarta el vascuence o eusquera, tiene también una enorme deuda con el latín, que le aportó y le sigue aportando un gran caudal léxico. Por citar sólo algún ejemplo palabras como Jurutza < crucem “cruz”, que tiene muchas variantes diatópicas y diacrónicas o bike < vicem “molino” entraron en esta lengua en una fase muy antigua.

 

Las primitivos dialectos romances medievales tuvieron una suerte y desarrollo dispar. Algunas de estas hablas desaparecieron para siempre, aunque la onomástica, la toponimia y el sustrato que han dejado en las lenguas y dialectos actuales, permiten comprobar sus efectos y peculiaridades.

 

Dentro de las lenguas románicas las lenguas de Hispania comparten rasgos comunes entre sí. Por poner un ejemplo, la palabra elegida por el romance de Hispania para ‘hermano’ ha sido lat. v. germanum y no frater. Así tenemos  it. fratello, fr. frere; pero cat. germá; es. hermano; gal-port. irmâo.

Además de los rasgos comunes originales, las lenguas de Hispania son lenguas en contacto. Esto supone que hay un adstrato permanente de las distintas lenguas entre sí, con influencias y préstamos constantes. Así el cat. cap i cua ‘cabeza y cola’ ha entrado en  español.

 

Otras veces el español y gallego, como lenguas más periféricas toman una solución común frente al catalán, lengua más central dentro de la Romania. Así el verbo querer deriva en es. y por. de quaero > quiero, quero, mientras que en cat. deriva de volo como vemos en volumus > volem, “queremos”.

Al terminar la Edad Media la distribución de las lenguas en la Península quedó con esta configuración:


Las lenguas de Hispania


La posterior historia de cada una de estas lenguas ha provocado en unos casos la expansión, en otros la fragmentación en dialectos, etc.