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El léxico latino
Latín, castellano y lenguas romances [Autoevaluación]

Latín vulgar

Desde al menos el s I a.C. era patente en latín la existencia de una variedad de latín que se diferenciaba en diversos aspectos del latín recto de la literatura y las clases altas. La separación de ambas formas de latín se fue extendiendo durante la historia del latín. El nombre es de unas gran tradición, pues ya Cicerón habla en el s. I a.C. de sermo vulgaris ‘habla vulgar’ (Cicerón, Académicas, 1, 5, 4 “…los cuales disputan sin ninguna técnica sobre asuntos puestos delante de sus ojos con un habla vulgar”). Pero ha sido en los dos siglos pasados cuando los lingüistas y los gramáticos comparativistas  han consagrado el término.

Concepto
Con el nombre de latín vulgar nos referimos generalmente a la forma del latín que dio origen a las lenguas románicas. Hoy en día sabemos gracias a las investigaciones realizadas en los últimos siglos que el latín del que nacieron las modernas lenguas románicas difería en aspectos importantes del latín escrito habitual que nos ha trasmitido fundamentalmente la literatura. Estas divergencias abarcan todas las facetas de la lengua.

En el vocabulario, por ejemplo, sabemos que el término usual latino proelium “combate” no debió existir en latín vulgar, pues en las lenguas romances debemos suponer un término battalia que ha dado como resultado es. batalla, fr. bataille, it. Batalla, por. batalha. Lo mismo podemos decir de hostis “enemigo”, sustituido en latín vulgar por inimicus, como atestiguan las lenguas romances: es. enemigo, cat. enemic, fr. enemi. Se podría alargar la lista de ejemplos similares que demuestran importantísimas diferencias entre el léxico del latín clásico y del latín vulgar.

En otros aspectos de la lengua, como el fonético, morfológico o sintáctico, también podemos determinar importantes diferencias entre estas dos variedades del latín. Así por ejemplo, los romances fr. avant, ‘delante’, it, dove ‘donde’ o es. desde implican el uso en latín vulgar de la unión de varias preposiciones ab ante, de ubi, de ex de, etcétera, que en latín clásico no se encuentran.

El hecho de que dos palabras latinas, crēdo ‘creo’  y mĭnus ‘menos’, con distintas vocales tónicas, i breve y e larga, hayan dado sistemáticamente en las lenguas romances el mismo resultado, fr. oi, croie, moins, es. e, creo, menos, it. credo, meno, induce a pensar que la diferencia del latín clásico entre ĭ y ē había desparecido en latín vulgar.

Con estos ejemplos hemos querido demostrar que las diferencias entre el latín clásico y el vulgar no fueron superficiales, sino muy importantes.

El latín vulgar refleja, pues, la lengua hablada de una población con escasa o nula tradición literaria.

Por otra parte, también tiene un matiz social: el latín vulgar es la lengua de las capas sociales más bajas, frente al clásico de las capas cultas y las clases dirigentes y adineradas. En este sentido debemos notar que esta lengua popular fue también el vehículo habitual para la extensión del cristianismo en los primeros siglos de nuestra era.

Por último, con el término latín vulgar, también nos referimos a la oposición al latín urbano añadiendo un aspecto dialectal o periférico al concepto.

Cronología
Nos hemos ocupado más arriba del significado y la geografía del latín vulgar. Ahora debemos tratar de delimitar el momento de su inicio y fin. Estos límites son difusos y difíciles de establecer. Podemos afirmar que algunos hechos propios del latín vulgar están presentes en las inscripciones halladas en Pompeya en la segunda mitad del s. I d. C., pero existe el consenso de que la extensión del conjunto de fenómenos que conocemos como latín vulgar se generalizó a partir del siglo III d. C.

La fecha en que el latín pasó  a ser romance es igualmente difícil de determinar. Es un hecho claro que la desaparición del Imperio de Occidente en 476 propició la fragmentación del latín en dialectos que quedaron aislados entre sí. Estos dialectos fueron alejándose progresivamente ya desde el Bajo Imperio y este proceso se profundizó durante la alta Edad Media.  Podemos afirmar que entorno al año 800 lo que se empleaba era ya una forma de romance. Este protorromance ya era independiente en cada provincia, pero aún no eran profundas las diferencias entre unos dialectos y otros. Así en la Edad Media las Cantigas de Alfonso X  en gallego son comprensibles para un castellano. La literatura provenzal, tan extendida e importante en la Edad Media es bien comprendida en lugares lejanos a la Provenza.

Pero después estos primitivos dialectos romances fueron evolucionando y apartándose paulatinamente. Algunos se fusionaron o sencillamente desaparecieron. Es el caso en España del navarro-aragonés. De la evolución de estos primitivos dialectos protorromances nacieron las actuales lenguas románicas.

Fuentes del latín vulgar

Inscripción latina 

Hemos establecido en los parágrafos anteriores que el latín vulgar era el habla popular que recoge la variante oral de las capas sociales que carecían de formación literaria o lingüística. También sabemos que marca las diferencias en la forma de hablar de los pobres con respecto a la formación de las personas cultas.

 Por eso las fuentes –los documentos que permiten conocer el latín vulgar- son aquellos escritos que reflejen la forma oral de la lengua, de manera más o menos fiable. En literatura los géneros más llanos (la sátira, la novela, la comedia). También nos sirven las correcciones de los gramáticos latinos, las inscripciones y, por supuesto, los resultados en las lenguas románicas y otras fuentes indirectas como la métrica.