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Roma y su legado
La vida cotidiana [Autoevaluación]

Ocio y espectáculos

Aunque la literatura y el cine nos puedan transmitir la imagen de una sociedad romana organizada, eficaz y bien atendida, la realidad demostraba que solo unos pocos tenían acceso a la educación, la vivienda o a una alimentación digna. El dolor y la muerte eran cotidianos, a través de la enfermedad, el trabajo o las continuas campañas militares. La mortalidad infantil era elevadísima, como corresponde a un ciclo demográfico antiguo y la esperanza media de vida no superaba los 35-40 años.

Por eso, el romano procuraba hacer uso de las posibilidades de ocio y espectáculos que ofrecía la ciudad. La diversión no solo era patrimonio de Roma. Así, en el siglo I d.C. había miles de anfiteatros por todo el Imperio y hasta las poblaciones más pequeñas disponían de termas.

Entre las diversiones más frecuentadas destacaremos los baños, el anfiteatro y el circo.


Termas
Los BAÑOS O TERMAS constituían un placer y una necesidad para el romano. Eran necesarias porque las casas no solían tener agua corriente, pero su visita era un hábito placentero porque en los edificios termales no solo se realizaban actividades relacionadas con la higiene, sino con las relaciones sociales, los negocios o las apuestas.


El aseo diario


Una prueba de la afición de los romanos al baño es que el consumo de agua por habitante y día en la ciudad de Roma era superior en el siglo I d.C. al que se contabilizaba a fines del siglo XX.

Las termas más espectaculares fueron las de Caracalla, en Roma. Construidas en el siglo III d.C. sabemos que su natatio o piscina al aire libre podía albergar a miles de bañistas a la vez. Pero también hay constancia de que cada barrio de cualquier ciudad disponía de estos establecimientos y por eso todo habitante del Imperio tenía acceso a aquéllas.

En líneas generales podemos diferenciar las siguientes partes en unos baños: el apoditerium o vestuario, la palestra o gimnasio, el frigidarium o baño de agua fría, el tepidarium, de agua templada, el caldarium o sala de agua caliente, además de habitaciones dedicadas al masaje, biblioteca,.... El suelo se mantenía caliente mediante un sistema llamado hyppocausto, que consistía en un pavimento que se apoyaba sobre pilares de ladrillos, dejando espacios huecos debajo de él por donde circulaba vapor proveniente de las calderas que calentaban el agua.


El anfiteatro

Otro de los entretenimientos eran los juegos en el ANFITEATRO. Se atribuye a Julio César la iniciación de este tipo de espectáculos, aunque ya había un anfiteatro construido en Pompeya en el año 80 a.C. destinado a Spectacula. A partir del siglo I d.C. los anfiteatros se extienden por todo el Imperio y dan cabida a los Ludi, cuya parte más conocida son los Ludi Gladiatores.

Lo cierto es que el Anfiteatro no solo estaba destinado a las luchas de gladiadores. Normalmente, por la mañana, había sesiones de luchas de fieras o de venationes (cacerías). A mediodía se realizaban ejecuciones públicas y por la tarde se desarrollaban las luchas de gladiadores.  Todo acompañado de acróbatas, equilibristas, músicos, juegos cruzados entre sí.

Los gladiadores constituían un auténtico fenómeno de masas y despertaban la pasión de todos los espectadores romanos. Todos, sin excepción, porque Augusto tuvo que prohibir que miembros de la aristocracia abandonaran todo para dedicarse a esa actividad.

Sabemos que estos luchadores se entrenaban en unas escuelas especiales, vigiladas fuertemente después de la rebelión de los gladiadores de Espartaco, en el 73 a.C., que mantuvo en jaque a las autoridades republicanas durante años. Perfectamente entrenados participaban en luchas contra otros especialistas hasta alcanzar la muerte o la emancipación.


Clasificación de los gladiadores

También es verdad que se les permitía guardar un porcentaje de sus ganancias y podían comprar su libertad, pero el punto culminante de sus carreras era conseguir la espada de madera, que los acreditaba como hombres libres.

El circo
Por último, en el CIRCO se disputaban las carreras de carros. Podía haber más de veinte en un día, y era tal la afición a las apuestas por los diferentes aurigas o conductores de carros, que la residencia del emperador fue construida junto al circo Máximo para no perder detalle de lo que allí acontecía.