La expansión de
Roma por el Mediterráneo comenzada en el s. III a.C.
intensificó la desigualdad social y consiguientemente
los conflictos. Las instituciones republicanas pensadas
para un pequeño territorio se demostraron
inoperantes a la hora de asegurar la paz y la
gobernabilidad de un vasto Imperio que exigía mayor
rapidez en la toma de decisiones. El clima de
descontento e inseguridad propició el establecimiento de
dictaduras militares, y de triunviratos
como los de César y el de Octavio que
terminaron en guerras civiles por las ambiciones
personales de sus miembros. Al final del s. I
Octavio Augusto alcanzó el poder y estableció el
Principado.
El primer triunvirato (Pompeyo, Craso y César) acabó con la
victoria de César. La amenaza que significaba su gobierno personal
para la aristocracia republicana explica su asesinato en el año 44
a.C. Tras su muerte se constituyó un segundo triunvirato con
Octavio, Lépido y Marco Antonio que acabó con el triunfo de Octavio
Augusto después de una nueva guerra civil contra Marco Antonio.