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En pocas palabras podemos
decir que traducir consiste en comprender todas las
claves que un mensaje proporciona en una lengua y ser
capaz de transferir todas esas claves de forma fidedigna
a otra lengua.
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Es decir, no habrá
traducción si el traspaso entre las lenguas no
trata de ser fiel al original, y se aparta
deliberadamente de él, tanto en el sentido como en
la expresión y estilo. Así Fray Luis
de León en su: "Qué
descansada vida la del que huye del mundanal
ruido, …" no traduce a Horacio en su
Beatus ille, qui procul negotiis…, por más
que quiere que se reconozca a Horacio en su obra,
pues la oda de Fray Luis no transmite fielmente el
contenido de la de Horacio. |
 Traducción
literal y literaria
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Entre esas claves
están las del contenido del mensaje o fondo del mensaje,
pero también las del continente o forma de
transmitirlo.
Esto quiere decir que una
traducción pasa el significado de un mensaje de una
lengua a otra, pero también traslada las características
gramaticales y de estilo de una lengua a la
otra.
Tradicionalmente ha existido
la idea de que hay dos formas de traducción:
-
Literal. La
correspondencia de formas debe mantenerse aún a costa
de forzar la lengua de
salida.
-
Literaria. Prevalece la
adaptación a la lengua de salida, a pesar de separarse
en exceso de la
original.
Como es natural, una buena
traducción deberá guardar el equilibrio entre ambas
tendencias.
Los textos poéticos, en
general, épicos, las fábulas, etc. se prestan mejor a
una traducción literaria. Por el contrario los textos
científicos y sagrados, religiosos o mágicos se suelen
traducir más a menudo de forma literal.
Ya los latinos fueron grandes
traductores, fundamentalmente del griego, y practicaron
ambas
tendencias.
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La traducción de un texto es un conjunto
indisoluble; no podemos separar el fondo y la
forma, el significante y el significado. No basta
recoger en nuestra lengua lo que el texto original
quiere decir, sino que además hay que escoger las
formas más adecuadas que se parezcan a las
originales, pero que sean correctas, y, a ser
posible, que transmitan el estilo
original. | Esto
significa que una traducción será una labor para la que
hace falta una técnica, pero también una intuición y una
estética que no se pueden aprender simplemente
estudiando. La traducción, como muchas otras actividades
humanas es τεχνή, (techné) que los latinos
tradujeron por ars, arte. Es una mezcla de
técnica y arte y como tal no puede automatizarse por
completo. Por todas estas características inferimos la
conclusión de que un mismo texto admite casi siempre
varias traducciones
correctas.
La
estructura gramatical del latín, radicalmente distinta
de la española, nos obliga en los primeros años de
estudio, al menos, a hacer siempre un análisis
morfosintáctico para abordar este ejercicio. Además esta
tarea requiere un método aplicado meticulosamente para
poder tener
éxito. |