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  · Introducción
  · Características de la conjugación latina
  · Persona, número y voz
  · Tiempo, modo y aspecto
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Elementos básicos de la Lengua Latina
La flexión verbal [Autoevaluación]

Las conjugaciones


El morfema que señala el aspecto, el modo y el tiempo, y la desinencia que marca la voz, número y persona se unen a distintas raíces o temas verbales. Según cuál sea el final de la raíz, es decir el tema, los verbos se clasifican en las llamadas conjugaciones, que como acabamos de decir no son más que los distintos modelos para conjugar un verbo en función del último fonema de la raíz.

Los modelos o conjugaciones del latín son cuatro más una quinta conjugación llamada ‘mixta’ que es una mezcla de las dos últimas. La primera conjugación es el modelo de los verbos cuya raíz termina por –a; la segunda, por –e; la tercera, por consonante o por –u; la cuarta, por –i y la mixta, por –i.

Para aprender las peculiaridades de cada una de las conjugaciones se han propuesto desde la Antigüedad unos verbos modelos o paradigmas. Sin embargo en estos modelos no ha existido un consenso tan grande como en las declinaciones. Los modelos que proponemos son: paro, paras, parare, paravi, paratum ("preparar"); habeo, habes, habere, habui, habitum, ("tener"); rego, regis, regere, rexi, rectum, ("gobernar"); audio, audis, audire, audivi, auditum, ("oír"); capio, capis, capere, cepi, captum, ("tomar").

La más importante por la frecuencia de uso fue la tercera. Por eso ejerció una gran influencia sobre las demás, especialmente la 4ª y mixta, produciendo cambios por analogía.

Por último, tenemos en latín un reducido pero importante grupo de verbos que no se ajustan a ninguno de los modelos por diversas causas, son los verbos irregulares. De entre estos destacamos por ahora el verbo sum, es, esse, fui (sin supino), que significa "ser", "estar", "existir" o "haber".

Las conjugaciones latinas se simplificaron a los tres modelos del castellano por la reducción del número de vocales que se dio en las lenguas románicas. Los verbos de la primera pasaron a nuestra primera conjugación (amare > 'amar'), pero entre los restantes hubo un reparto desigual entre la segunda y tercera españolas.