Ya hemos
estudiado en el tema anterior que en las leguas
flexivas y particularmente en las lenguas indoeuropeas, y, por tanto, en
latín, algunas clases de palabras cambian de forma para
expresar distintos valores gramaticales.
Otra propiedad de las lenguas
flexivas reside en la flexión sigue dos
modelos diferenciados desde el principio. El primero de
estos modelos, el de los sustantivos, adjetivos y
pronombres, la declinación , la vamos a estudiar en este
tema (ya adelantamos que los tres accidentes
gramaticales que recoge la flexión nominal son el
género, numero y caso). El segundo modelo es el que
atañe a los verbos. Este tipo de flexión se llama
habitualmente flexión verbal o conjugación, y se verá más
adelante.
Las lenguas
románicas heredaron del latín los sustantivos y
adjetivos con modificaciones tan grandes, que hacen en
este punto irreconocibles a ambos sistemas. Las lenguas
procedentes del latín han perdido la categoría
gramatical del caso, con la excepción de los pronombres
personales. Lo mismo cabe decir del inglés, lengua
también indoeuropea, que ha perdido igualmente la
categoría caso. Además tiene el número más reducido
que las lenguas románicas (no hay forma plural en los
adjetivos) y está en trance de perder la categoría
género.
La declinación ya fue estudiada a fondo
por los gramáticos latinos, quienes, a su vez,
tradujeron la terminología del griego. Antonio de
Nebrija en los últimos años del siglo XV escribió la
primera gramática de una lengua románica adaptando por
primera vez a una lengua moderna los términos
gramaticales, que en ésta, como en casi todas las
ciencias y disciplinas, deben su terminología en muy
buena medida a la Antigüedad
clásica.