Metamorfosis de Apuleyo


Completa el texto sobre la sorprendente metamorfosis de Apuleyo

Insistiendo en la veracidad de estas informaciones y suma­mente agitada, Fotis entra en la estancia y saca del cofre la cajita; yo recojo esta cajita con ambas manos y la cubro de besos; en primer lugar la conjuro para que me otorgue el favor de un vuelo feliz; al instante me despojo de toda mi indumentaria y meto ansiosamente las manos dentro; saco un poco más de ungüento y me froto a fondo todos los miembros de mi cuerpo. El ardiente deseo de parecer un me lleva a mover alternativamente mis brazos; no apa­rece el menor síntoma de pelusa ni de ; la clara reali­dad es que mis se endurecen como cerdas; mi suave cutis adquiere la rigidez del ; en mis extremidades no se pueden ya contar los , pues cada miembro termina en uno solo con una sola uña; y en la última vértebra me sale una larga . Mi rostro pierde toda proporción: me crece la boca, se me ensanchan las , me cuelgan  los ; de la misma manera se cubren de pelo y se desarro­llan exageradamente las . En la triste metamorfosis, como único consuelo, veo que, si bien ya no puedo tener a Fotis en mis brazos, se abrían para mí nuevas posibilidades naturales.

   

  

NOTAS: Traducción de Lisardo Rubio