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Durante el
período helenístico la situación de la mujer mejoró
sensiblemente así como su importancia al menos en muchos
lugares.
Las dinastías
macedonias dieron lugar a una larga serie de reinas y
mujeres que, de una u otra manera, consiguieron influir
en la política de su tiempo. Es conocida la importancia
de Olimpia, la madre de Alejandro Magno, y, por supuesto
de Cleopatra, reina de Egipto y protagonista de la
política romana durante muchos años.
Esta situación influyo
inevitablemente en la posición y prestigio de la mujer
en general. Es interesante observar que en los contratos
matrimoniales de este período se reconocen derechos y
obligaciones sociales de ambos cónyuges castigándose
también la infidelidad del marido. En muchos contratos matrimoniales
está previsto el divorcio con iguales oportunidades de
repudiarse para ambos.
También
creció la capacidad de la mujer de obtener beneficios
económicos y administrar bienes y
negocios.
Pitágoras o
Epicuro admitieron a mujeres en sus escuelas en
condiciones de igualdad. Los cínicos no tenían una
escuela convencional pero Hiparquia, la mujer
de Crates, frecuentaba las reuniones de los hombres y se
enorgullecía de haber empleado su tiempo en educarse en
vez de trabajar en el telar.
En el siglo I
d.C. empiezan a aparecer inscripciones de atletas
femeninas que obtienen premios participando en carreras
o conduciendo carros de guerra en competiciones
deportivas.
También
conocemos algunas escritoras como Erina, autora como
Safo de hermosos
poemas.
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