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AYUDAS ERGONÓMICAS EN EL DEPORTE

El Las ayudas ergogénicas (del griego: “ergón”, que significa “trabajo”, y “génesis”, referido a “origen”) teóricamente permiten al individuo realizar más trabajo físico del que sería capaz de ejecutar sin ellas. El término ergogénesis representa la producción de energía; si una determinada manipulación mejora el rendimiento a través de la producción de energía, se denomina ergogénica; y, si lo reduce, ergolítica. Por tanto, la ayuda ergogénica hace referencia a toda aquella sustancia o fenómeno que mejora el rendimiento.

La utilización de agentes ergogénicos se ha popularizado, especialmente entre los deportistas, en respuesta a un deseo de triunfo ante la competencia. Ello se basa en la idea de que éstos benefician el rendimiento y la capacidad de entrenamiento, alivian el dolor, retrasan la aparición de la fatiga, aceleran la recuperación de lesiones musculares y óseas, mejoran la apariencia corporal, logran cambios en el peso y, a veces, hasta producen sensación de placer.

A pesar de que existen estudios científicos orientados a investigar algunas de estas sustancias, la mayor parte de sus resultados son inconclusos y contradictorios. En realidad, la eficiencia de muy pocos productos ha sido demostrada científicamente, y sólo una mínima cantidad de ellos ha sido sometida a investigaciones rigurosas. Además, se hace necesario el estudio minucioso del efecto sobre la salud del individuo.

El término “ayudas ergogénicas” se emplea generalmente en un contexto más amplio que en el de las puras manipulaciones nutricionales y farmacológicas. Se identifican, al menos, cinco categorías:

A simple vista, se puede comprobar que la aplicación de muchas de estas ayudas no va a significar una aportación negativa para la salud del deportista. No obstante, las ayudas farmacológicas deben controlarse minuciosamente, ya que la administración de cualquiera de estos productos provoca una serie de reacciones químicas en el organismo humano, no todas con un efecto beneficioso.

Entre las ayudas farmacológicas más habituales destacan las anfetaminas, comúnmente conocidas como "la droga eufórica" (efedrina, fenilalaninas, dexedrina, etc.). Son estimulantes del sistema nervioso central que actúan como supresores del apetito, retardan la aparición de la fatiga, incrementan la presión (sistólica, diastólica y ritmo cardíaco) y mejoran la redistribución del torrente sanguíneo a los músculos. Por estas acciones, las anfetaminas pueden mejorar el rendimiento en términos de velocidad, fuerza, resistencia, concentración y coordinación motora fina; sin embargo, los riesgos incluyen un aumento del estrés sobre el sistema cardíaco, arritmias, un trabajo muscular que sobrepasa los límites máximos, adicción (tolerancia), nerviosismo, cambios de carácter, neuropatía y pérdida de peso, entre otros.

Otros fármacos utilizados son los esteroides anabólicos y la hormona de crecimiento humano. Los esteroides anabólicos, también conocidos como sustancias de "construcción", en combinación con una tabla de entrenamiento aceleran el crecimiento muscular, incrementan la masa magra (libre de grasa) y la fuerza, actuando de manera parecida a la hormona sexual masculina, y facilitan la recuperación después de entrenamientos fuertes de resistencia. Sin embargo, dichos efectos dependen de la dosis consumida y de la reacción de cada individuo y, aunque pueden ser beneficiosos, deben observarse los riesgos de consumirlos, entre los cuales destaca el hecho de ser consideradas sustancias prohibidas o de dopaje por el Comité Olímpico Internacional, que su uso en niños y jóvenes puede causar retrasos e incluso detener el crecimiento, que reducen el número de espermas y de testosterona, al igual que aumentan el tamaño del pecho (ginecomastia), y que interrumpen los procesos de ovulación y menstruación, aumentando el vello facial y produciendo cambios en la voz. Por su parte, la hormona de crecimiento humano (GH) se utiliza sola o combinada con esteroides. Actúa estimulando la síntesis de proteína en el músculo y el crecimiento de los huesos. La GH incrementa el rompimiento de grasas en ácidos grasos libres, reduciendo la concentración de lípidos o grasas en el torrente sanguíneo, y mejorando el proceso de curación de lesiones musculares. Entre los riesgos de su uso se encuentran problemas cardíacos, acromegalia (retraso en el crecimiento de huesos, especialmente en niños), intolerancia a la glucosa, diabetes mellitus e hipertensión arterial.

La proteína en polvo (tabletas o ampollas) es generalmente consumida por fisicoculturistas y/o atletas que hacen entrenamiento de fuerza, para aumentar la masa muscular. Se sabe que puede causar problemas hepáticos, renales y trastornos metabólicos.

Otros agentes utilizados frecuentemente incluyen la cortisona y sus derivados, que favorecen la retención de agua y sodio, las hormonas masculinas, los fármacos que actúan sobre la glándula tiroides, los esteroides veterinarios (causan lesiones vasculares y cambios hormonales), el alcohol y los diuréticos. También se utilizan la cocaína y el MaHuang (producto natural proveniente de la China).

Por otro lado, los agentes ergogénicos nutricionales son aquellos provenientes de alimentos y que normalmente no ejercen efectos nocivos sobre el individuo. Entre ellos se encuentran los aminoácidos, como el triptófano, que actúa sobre el sistema nervioso central, y la leucina, isoleucina y valina, que mejoran la resistencia aeróbica, retardan fatiga y estimulan la producción de insulina. La L-carnitina ayuda en el transporte de ácidos grasos libres para su oxidación y posterior producción de energía. La creatina es otro aminoácido ampliamente utilizado hoy día que tiene efectos sobre el sistema de producción de energía, por lo que es utilizado para ejercicios intermitentes de alta intensidad.

Otros agentes nutricionales incluyen el cromo, que es un mineral traza que ayuda en el metabolismo de los carbohidratos, proteínas y grasas. Al parecer, dicho mineral potencia el efecto de la insulina y aumenta la producción de glucógeno (fuente de energía). El cromo se ha combinado con niacina y picolinato para potenciar su efecto e incrementar su absorción (la coenzima B12). El cinc se ha utilizado para la reparación y crecimiento de tejidos, para fortalecer el sistema inmunológico, y como antioxidante. Por último, algunas personas consumen la miel y el aceite de germen, con la idea de aumentar sus niveles de energía.

Es muy elevado el número de sustancias, nutricionales o no, que se utilizan como ayudas ergogénicas. La pretendida eficacia de la mayoría de ellas carece de la más mínima base científica, sustentándose en el folklore y en la ignorancia de los consumidores.

Al hablar con personas desinformadas, siempre aparecen los fantasmas del dopaje. El desconocimiento general de las funciones que desempeñan los suplementos de alimentación y ayudas ergogénicas en la práctica deportiva, por un lado, y el constante flujo de noticias que nos inundan sobre la utilización de sustancias ilegales en el deporte de alto rendimiento con el objetivo de mejorar los resultados, por otro, nos suelen conducir a mirar con reticencia cualquier producto que tenga como finalidad mejorar el rendimiento deportivo. Una preocupación que siempre ha estado presente en la mente del deportista y de los encargados de su preparación físico–técnica ha sido la de encontrar métodos con los que, al margen del entrenamiento, poder mejorar al máximo posible las prestaciones deportivas. Es por ello que surgen sustancias naturales que coadyuvan a mejorar durante la práctica de la actividad física sin ser dopantes. Llegados a este punto, aparece una infinidad de sustancias, aminoácidos, vitaminas, compuestos hidrocarbonados y nitrogenados que, según sus descubridores y fabricantes, proporcionan ventajas como aumento de peso o fuerza, disminución de los niveles de grasa, mayor energía durante el ejercicio o mayor congestión muscular. Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, los resultados de estudios aparentemente "científicos" son direccionados y orientados hacia objetivos estrictamente comerciales En realidad, muchas de estas sustancias son un engaño, o sus efectos son dudosos, debido o a la falta de coherencia y objetividad en su estudio, tratándose tan sólo de una treta comercial.

Por todo lo expuesto, podemos concluir que la utilización de ayudas ergogénicas debe estar siempre controlada por expertos en la materia y, en todo caso, orientada a la mejora de la salud y aptitudes del deportista sin menoscabo de su estado físico o mental.

Dª Ángeles Prada Pérez Licenciada en Medicina y Cirugía
Especialista en Ciencias Morfofuncionales del Deporte
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