2. La defensa del organismo ante los cuerpos extraños

A lo largo de la evolución los animales han desarrollado una serie de barreras defensivas que protegen el medio interno, estable y rico en nutrientes, de la potencial invasión por cuerpos extraños, principalmente microorganismos.
Las barreras pueden ser: a) Externas o internas, según su posición en el cuerpo, b) en función de la dependencia de la identidad del cuerpo extraño, específicas, cuando dependen del cuerpo extraño, o inespecíficas, si su protección es independiente del tipo de agente invasor.

Teniendo en cuenta estos criterios de especificidad y localización, las barreras defensivas se reúnen en tres grupos:

a) Barreras externas, inespecíficas también conocidas como primarias por ser las que frenan inicialmente la invasión. Pueden ser:

- Barreras físicas, como la piel, que por su grosor y su descamación natural no es fácilmente atravesada por los microorganismos; los cilios de las vías respiratorias; las secreciones mucosas que atrapan a las sustancias extrañas en las aberturas naturales del aparato digestivo, respiratorio, y reproductor y el efecto de arrastre de las lagrimas, saliva y micción.

- Barreras químicas, como el pH ácido del estómago e intestino delgado, de los fluidos del aparato urogenital y de las secrecciones de las glándulas sebáceas y sudoríparas y la lisozima, enzima presente en las lagrimas y saliva que rompe la pared bacteriana.

- Barreras biológicas, pues la flora bacteriana autóctona, normalmente inofensiva, compite y controla a muchas poblaciones de gérmenes invasores patógenos, especialmente en el tubo digestivo.

b) Barreras inespecíficas internas o barreras secundarias. Es un conjunto de células sanguíneas con capacidad fagocítica, como los macrófagos, granulocitos y células NK (asesinas naturales o "natural killer") y de biomoléculas inactivadoras, como el sistema del complemento y ciertas citocinas, que reaccionan indiscriminadamente ante cualquier elemento extraño en el interior del cuerpo.

c) Barrera interna específica. Las células responsables, los linfocitos, reaccionan ante ciertas sustancias extrañas, los antígenos, fabricando moléculas especializadas que solo neutralizan al antígeno iniciador, los anticuerpos. Esta repuesta tiene memoria, originando dos tipos de respuesta específica: la respuesta primaria, tras el primer contacto con el antígeno y la respuesta secundaria, tras un nuevo contacto con el antígeno, es más rápida e intensa que la primaria.

Ante los agresores colaboran los tres tipos de barreras.


Figura 1: Barreras primarias


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