Las proteínas, al igual que los azúcares
y las grasas, también se pueden descomponer para suministrar energía,
pero no es ésta su principal función en el organismo.
Los aminoácidos resultantes de la descomposición de las
proteínas se pueden degradar en dos fases: primero se eliminan
los grupos amino y, posteriormente, se oxida el "esqueleto carbonado"
que quede.
Para eliminar los grupos amino son necesarios un proceso de transaminación
seguido de una desaminación,
formándose al final NH3. El amoníaco es una sustancia
tóxica que muchos animales, como los mamíferos, lo empaquetan
en forma de urea para su eliminación posterior a través
de la orina.
El problema de los residuos nitrogenados, unido la valor de los aminoácidos
como "sillares estructurales" para los procesos de síntesis
o anabólicos, hace que las células sólo "quemen"
las proteínas cuando se ingieren en exceso o cuando, por el contrario,
se agotan las reservas de azúcares y lípidos, en situaciones
de inanición.
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