Los lípidos, y más concretamente las grasas o acilglicéridos,
aportan aún más energía que los glúcidos (1
g de grasas aportan 9 kcal).
En primer lugar, los acilglicéridos se descomponen en glicerol
y en ácidos grasos.
El glicerol puede seguir varios destinos metabólicos, pero en el
catabólico se transforma en dihidroxiacetona-fosfato y se incorpora
a la glucólisis, siguiendo las rutas posteriores
ya conocidas. Al final, la respiración aerobia de una molécula
de glicerol puede proporcionar hasta 22 ATP.
Los ácidos
grasos pasan al interior de las mitocondrias y, en la matriz mitocondrial,
tiene lugar la ß-oxidación de los ác. grasos. En este
proceso cada ác. graso se va oxidando, liberándo, paso a
paso, "fragmentos" de dos carbonos hasta que termina por consumirse.
En cada paso se forman una molécula de FADH2, una de NADH y un
acetil-CoA.
Figura 17: Esquema de la ß-oxidación
de los ácidos grasos
Los transportadores de electrones FADH2 y
NADH liberan la energía que portan a lo largo de la cadena
respiratoria mitocondrial, mientras que el acetil-CoA se incorpora al
ciclo de Krebs.
Al final, cada molécula de ácido graso puede aportar un
gran número de moléculas de ATP, más o menos dependiendo
de su tamaño molecular y de que sea saturado o no (por ejemplo,
un ác. esteárico puede suministrar hasta 146 moléculas
de ATP).
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