Saulo nació en Tarso, en el seno de una familia judía. Esta ciudad era la capital de Cilicia, gran centro comercial y cultural. Esto hace de él un hombre de doble lengua y doble cultura, en casa habla el arameo y en las escuelas de la culta Tarso aprende el griego y se inicia en la cultura helénica. Sus dos nombres, Saulo y Pablo, reflejan esta doble faceta de su personalidad.

En Jerusalén continúa su formación judía al lado del maestro Gamaliel que le hace apreciar el ideal fariseo y el fanatismo por la religión judía. El cristianismo naciente será para él un motivo de encarnizada persecución.

La primera vez que aparece su nombre en el Nuevo testamento es para contarnos como se encargó de guardar las ropas de los agresores de Esteban, mientras este era apedreado hasta morir. (Hechos de los Apóstoles 7, 54-60) También nos cuenta cómo Saulo entraba en las casas de los cristianos de Jerusalén para detener a hombres y mujeres y llevarlos a la cárcel. (Hechos de los Apóstoles 8, 1-3)

El encuentro de Saulo con el Señor es narrado en el libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20. Iba camino de Damasco, a donde se dirigía, con autorización del Sumo Sacerdote, para detener y llevar presos a Jerusalén a los cristianos que encontrara en esta ciudad. Pero el encuentro con el Señor cambió su vida, de perseguidor del cristianismo se convierte en apóstol de Cristo. El Señor le comunicó, por medio de Ananías, que iba a ser el instrumento que había elegido para llevar su nombre a los paganos, a los reyes y a los israelitas.

Después de su conversión se retiró durante algún tiempo al desierto. Volvió a Damasco y dio testimonio de Jesús por espacio de tres años. En esta ciudad hubo una conspiración contra él y para poder salvarlo, sus discípulos tuvieron que sacarlo de noche descolgándole por las murallas metido en una cesta.

Viajó hasta Jerusalén donde se entrevistó con Pedro y Santiago. Se cree que también evangelizó en Tarso ya que allí fue a buscarle Bernabé para llevarle a Antioquía.

Realizó tres grandes viajes evangelizadores a través de Asia Menor, Macedonia y Grecia. Pablo presenta el cristianismo como una nueva religión, no como una forma modificada del judaísmo. Los judíos que aceptaban su mensaje podían seguir viviendo alguna de sus costumbres, pero los gentiles que se convertían al cristianismo, no tenían necesidad de realizar las prácticas judías.

 

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