El Profeta Ezequiel era un sacerdote que tuvo que dejar Jerusalén para ir al destierro en Babilonia en el año 598 a. de C. Allí fue llamado por Dios para que se convirtiera en su profeta. Así nos lo cuenta él mismo en los capítulos dos y tres del Libro de Ezequiel:

La palabra de Dios me fue dirigida y me dijo: "Hijo de hombre, levántate, que voy a hablarte. Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres. Les comunicarás mis palabras, escuchen o no, porque son una raza de rebeldes. Pero tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo. Abre la boca y come lo que te doy". Yo miré y vi una mano tendida hacia mí con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mi vista y me dijo: "Hijo de hombre, cómelo; come este libro y vete a hablar a la casa de Israel". Yo abrí la boca, y me hizo tragar el libro . Entonces me dijo: "Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este libro que yo te doy". Yo lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel.

A partir de aquel día, Ezequiel se convirtió en un hombre de Dios que mantuvo la esperanza de su pueblo en un momento en el que era muy difícil, ya que el pueblo de Israel había sido deportado a Babilonia y allí se encontraban sin tierra , sin rey y sin templo donde adorar a su Dios. Eran un pueblo que se parecía a los huesos secos de unos muertos , sobre los que Dios infundiría su espíritu . Esto mismo era lo que la palabra de Dios había revelado a Ezequiel:

"Hijo de hombre, esos huesos secos son la casa de Israel . Mira lo que dicen: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza se acabó, estamos perdidos. Profetiza y diles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os voy a sacar de vuestras tumbas, pueblo mío y os voy a llevar a la tierra de Israel... Infundiré mi espíritu sobre vosotros para que reviváis ".