El día sexto Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra».
Dios creó al hombre formándolo del polvo de la tierra; del barro lo formó. Dios le sopló su aliento en la nariz y le dio vida. De Dios mismo recibió el hombre ese aliento vital que nos hace vivir, y ser criaturas capaces de percibir su voz. A este primer hombre Dios le puso el nombre de Adán, que significa "el hombre".

Y Dios plantó un jardín en Edén, un lugar lejano de Oriente y puso en él al hombre que había creado. Allí hizo crecer toda clase de árboles que hay en la tierra, muy hermosos y variados, y multitud de frutos sabrosos. Pero en medio del jardín había árboles especiales: el árbol de la Vida y el árbol de la Ciencia del bien y del mal. Había también en el Edén, un río que regaba el jardín y que se dividía en cuatro, formando así otros cuatro ríos cuyos nombres eran: el Pisón, el Guijón, el Eúfrates y el Tigris.

Dios dijo a Adán: "Puedes comer de todos los árboles del jardín, menos del que está en medio: el árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, morirás".

Y Dios, el Señor, dijo: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a darle otro que le ayude y le haga compañía; uno que sea de su misma especie". Dios, hizo caer al hombre en un sueño profundo, para que no sintiese ni se diese cuenta de nada, le quitó una costilla, y le rellenó el hueco con carne. De la costilla hizo una mujer, y la presentó al hombre. Entonces el hombre exclamó: "Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Una compañera igual que yo". A la mujer Dios le puso Eva, que significa "la que da la vida". Ambos hombre y mujer, iban desnudos por el jardín y no se avergonzaban.

 

LA TENTACIÓN Y LA CAÍDA

La serpiente era el más astuto de todos los animales creados por Dios. Ella habló así a la mujer y le dijo: "¿Os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?” La mujer le contestó: "Podemos tomar y comer los frutos de todos los árboles del jardín. Sólo del árbol que está en medio nos ha dicho Dios: ¡No toquéis ni comáis sus frutos pues de lo contrario moriréis!”

Entonces la serpiente dijo a la mujer: "De ningún modo; ciertamente no moriréis si coméis de él. Dios sabe perfectamente que apenas comáis, se os abrirán los ojos y seréis inteligentes. Seréis como dioses capaces de distinguir entre el bien y el mal”.

La mujer tuvo un gran deseo de comer del árbol. Era hermoso y le atraía la posibilidad de alcanzar el conocimiento. Por eso alargó la mano hacia los frutos, tomó uno y comió; y después dio al hombre y él también comió. Entonces se les abrieron los ojos, y se asustaron pues se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y tejieron con ellas unos vestidos, y se los pusieron.

Al atardecer oyeron la voz de Dios, que se paseaba por el jardín al fresco del día. El hombre y la mujer se escondieron entre los árboles pues tenían miedo de encontrarse con Dios. Entonces Dios llamó al hombre y le dijo. "Adán, ¿dónde estás?" Adán respondió: "Oí tu voz en el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí." Pero Dios le respondió: "¿Quién te ha hecho ver que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?" Adán comenzó a excusarse diciendo: "La mujer que me diste por compañera me ofreció de los frutos y comí”.

Entonces dijo Dios a la mujer: "¿Por qué has hecho esto?” La mujer respondió: "La serpiente me sedujo, y comí". Y entonces Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto serás maldita entre todos los animales de la tierra. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás tierra toda tu vida. La mujer y tú seréis enemigas". Y a la mujer Dios le dijo: "Traerás a los hijos al mundo con dolor y siempre estarás unida a tu marido".

Y al hombre le dijo: "Por haber hecho caso de las palabras de tu mujer y haber comido del árbol que te prohibí comer, por tu causa será maldita la tierra. Te alimentarás de ella toda tu vida, sufriendo fatiga y dificultades. Cuando comas tu pan, has de saber que deberás trabajar con preocupación y sudores para conseguirlo, hasta que tú mismo vuelvas a la tierra. Pues tú eres tierra y hecho de tierra, y volverás a ser tierra".

Y Dios, el Señor, les hizo vestidos de pieles y los vistió. Luego dijo: "¿No es ya el hombre como Dios? Él sabe ahora lo que es el bien y el mal. ¡Que no vuelva a hacer el mal, ni alargue su mano al árbol de la Vida para comer de sus frutos!" Entonces Dios, lo arrojó del jardín de Edén y mandó a ángeles con espadas de fuego a la parte oriental del jardín, para que lo custodiasen y cerrasen el paso hacia el árbol de la vida.